
No se ni tan si quiera si lo leerán las personas a los que va dirigida este palabras, si es así confirmaría todo lo que voy a escribir.
No tenemos ya tiempo como antes. El trabajo es uno de los motivos principales. La gente nueva que conocemos con el paso de los años se va expandiendo, hay nuevos proyectos de futuro, viejos amigos y amistades recientes, nuevas metas marcadas en nuestro camino, obstáculos que debemos rodear perdiendo más tiempo si cabe en ellos y el ser humano no es una máquina, cada día debemos descansar, dormir, comer, ir al baño, ducharnos, comprar, trasladarnos al trabajo, a casa, a la tienda, en todo ellos el tiempo se consume, pero no se pierde. Es totalmente cierto que las personas con las que el tiempo corre más veloz son con las que te gustaría estar siempre, pero eso es imposible. No hay nada fácil ni sencillo, todos los caminos que tomamos conllevan un tiempo gastado en nosotros mismos. Otro tiempo extinguido, terminado y acabado que nunca más volverá a nosotros. Mientras escribo estas líneas estoy esperando la respuesta a un mensaje enviado en la noche de ayer. Aún tengo que hacer un par de recados y encargarme de tender la ropa que dejé a medias antes de empezar a preparar la comida. Ojala pudiera hacer todo lo que quiero sin estar pendiente del reloj, de la aguja imperturbable en cuyos movimientos de tic tac nos movemos. Creo que no es una exageración decir que el tiempo es como un Dios: está en todas partes, no lo vemos ni lo sentimos pero le obedecemos y estamos pendientes de el, es el día y la noche, la marea y la contramarea, es impasible tanto en la vida como en la muerte, 9 meses para la vida, 81 años de media en Europa para que el Dios Ah Kimi nos visite. Todos acabamos aceptando la superioridad de este nuevo Zeus de nuestro tiempo. Es la realidad.
No tenemos ya tiempo como antes. El trabajo es uno de los motivos principales. La gente nueva que conocemos con el paso de los años se va expandiendo, hay nuevos proyectos de futuro, viejos amigos y amistades recientes, nuevas metas marcadas en nuestro camino, obstáculos que debemos rodear perdiendo más tiempo si cabe en ellos y el ser humano no es una máquina, cada día debemos descansar, dormir, comer, ir al baño, ducharnos, comprar, trasladarnos al trabajo, a casa, a la tienda, en todo ellos el tiempo se consume, pero no se pierde. Es totalmente cierto que las personas con las que el tiempo corre más veloz son con las que te gustaría estar siempre, pero eso es imposible. No hay nada fácil ni sencillo, todos los caminos que tomamos conllevan un tiempo gastado en nosotros mismos. Otro tiempo extinguido, terminado y acabado que nunca más volverá a nosotros. Mientras escribo estas líneas estoy esperando la respuesta a un mensaje enviado en la noche de ayer. Aún tengo que hacer un par de recados y encargarme de tender la ropa que dejé a medias antes de empezar a preparar la comida. Ojala pudiera hacer todo lo que quiero sin estar pendiente del reloj, de la aguja imperturbable en cuyos movimientos de tic tac nos movemos. Creo que no es una exageración decir que el tiempo es como un Dios: está en todas partes, no lo vemos ni lo sentimos pero le obedecemos y estamos pendientes de el, es el día y la noche, la marea y la contramarea, es impasible tanto en la vida como en la muerte, 9 meses para la vida, 81 años de media en Europa para que el Dios Ah Kimi nos visite. Todos acabamos aceptando la superioridad de este nuevo Zeus de nuestro tiempo. Es la realidad.

1 comentario:
Ya sabes que me gustaría muchas veces que cuando estamos juntos el tiempo se detuviera...
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