sábado, 20 de septiembre de 2008


No se ni tan si quiera si lo leerán las personas a los que va dirigida este palabras, si es así confirmaría todo lo que voy a escribir.
No tenemos ya tiempo como antes. El trabajo es uno de los motivos principales. La gente nueva que conocemos con el paso de los años se va expandiendo, hay nuevos proyectos de futuro, viejos amigos y amistades recientes, nuevas metas marcadas en nuestro camino, obstáculos que debemos rodear perdiendo más tiempo si cabe en ellos y el ser humano no es una máquina, cada día debemos descansar, dormir, comer, ir al baño, ducharnos, comprar, trasladarnos al trabajo, a casa, a la tienda, en todo ellos el tiempo se consume, pero no se pierde. Es totalmente cierto que las personas con las que el tiempo corre más veloz son con las que te gustaría estar siempre, pero eso es imposible. No hay nada fácil ni sencillo, todos los caminos que tomamos conllevan un tiempo gastado en nosotros mismos. Otro tiempo extinguido, terminado y acabado que nunca más volverá a nosotros. Mientras escribo estas líneas estoy esperando la respuesta a un mensaje enviado en la noche de ayer. Aún tengo que hacer un par de recados y encargarme de tender la ropa que dejé a medias antes de empezar a preparar la comida. Ojala pudiera hacer todo lo que quiero sin estar pendiente del reloj, de la aguja imperturbable en cuyos movimientos de tic tac nos movemos. Creo que no es una exageración decir que el tiempo es como un Dios: está en todas partes, no lo vemos ni lo sentimos pero le obedecemos y estamos pendientes de el, es el día y la noche, la marea y la contramarea, es impasible tanto en la vida como en la muerte, 9 meses para la vida, 81 años de media en Europa para que el Dios Ah Kimi nos visite. Todos acabamos aceptando la superioridad de este nuevo Zeus de nuestro tiempo. Es la realidad.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Los Secuaces de Wigum


Estaba en la cama intentando descansar un poquito después de un dia con prisas y con mucho trabajo cuando una llamada al timbre de casa me hacía recordar el partido amistoso que tenía con el nuevo equipo. Mire el reloj - despertador y las aguja pequeña marcaba las 5. Dí un salto. Tenía casi todo preparado pero aún tenia que ponerme las zapatillas y buscar las de futbol sala que no las encontré por cierto. LLamé al ascensor, y según salí por la puerta lo ví. Martini estaba ahí leyendo anuncios y haciendo tiempo. LLegamos en tiempo record a la Hipica pero pidiendo el cambio. El resto de los secuaces se encotraban ahi. El partido empezó. Metí un gol. Paré un penalti. Hubo un descanso. Más goles de los secuaces. El final del partido. Saludo a los contrincantes y ha casita a ducharse. El resultado por cierto no me acuerdo y si me acordara tampoco lo diria. ;)

jueves, 11 de septiembre de 2008

Equipo futbol



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