Al llegar a San Petersburgo realizamos un recorrido turístico en autobús por la ciudad en la que vimos sus numerosos canales y ríos. Los palacios impresionantes que se construyeron en la época de los zares y las numerosas estatuas e iglesias que habitan en sus calles.
Por la tarde el recorrido fue en barco, por sus numerosos canales y me pareció desde las aguas la ciudad más bella que jamás he visitado. Aparte de que nunca había recorrido una ciudad de esa forma. Pasamos los puentes por debajo, vimos la estatua más pequeña de San Petersburgo que es un pájaro, que se encuentra al nivel de las aguas de los canales en un lado y está cerca del Palacio de Verano del Zar Nicolás II, si mal no recuerdo. El castillo que defendía la ciudad de los ataques y en la cual las gentes se resguardaban mientras duraba la batalla. Puentes y más puentes. Un barco de la II Guerra Mundial.
Por la tarde el recorrido fue en barco, por sus numerosos canales y me pareció desde las aguas la ciudad más bella que jamás he visitado. Aparte de que nunca había recorrido una ciudad de esa forma. Pasamos los puentes por debajo, vimos la estatua más pequeña de San Petersburgo que es un pájaro, que se encuentra al nivel de las aguas de los canales en un lado y está cerca del Palacio de Verano del Zar Nicolás II, si mal no recuerdo. El castillo que defendía la ciudad de los ataques y en la cual las gentes se resguardaban mientras duraba la batalla. Puentes y más puentes. Un barco de la II Guerra Mundial.
Por la noche nos dimos cuenta de lo cierto que son las noches blancas. Eran las once y media hora local y el cielo se veia aun con un poco de luz.
Aquí viene lo grande. Un palacio situado a unos quince kilómetros de San Petersburgo, el cual, la comparación con Versalles (París), no es casual. Salones grandiosos, fuentes doradas, en vez del típico álbum de fotos ahí los zares tenían un salón con espejos en cuyas paredes se vislumbran los retratos de toda la familia. En el jardín externo las fuentes llegan hasta el mismísimo mar donde se funden con sus aguas salinas. Uno de los palacios más hermosos que he podido ver.
Como no hay palabras para describirlo aquí os dejo unas foticos en las que podeis ver el porque prefiero San Petersburgo a Moscú.
Al día siguiente dimos una vuelta por la ciudad y entramos en varias iglesias ortodoxas. Pasamos por los canales y cruzamos los numerosos puentes.
El Ermitage. Es quizás el museo más famoso de Rusia y uno de los más famosos del mundo por sus cuadros, esculturas, salas. Tienen de todo y también bastante bien cuidado. Así que si vais por esos mundos os aconsejo que os acerquéis con tiempo porque es bastante grande. Con esto he terminado y ahora no se si estoy viendo oro, blanco o negro.
Aquí viene lo grande. Un palacio situado a unos quince kilómetros de San Petersburgo, el cual, la comparación con Versalles (París), no es casual. Salones grandiosos, fuentes doradas, en vez del típico álbum de fotos ahí los zares tenían un salón con espejos en cuyas paredes se vislumbran los retratos de toda la familia. En el jardín externo las fuentes llegan hasta el mismísimo mar donde se funden con sus aguas salinas. Uno de los palacios más hermosos que he podido ver.
Como no hay palabras para describirlo aquí os dejo unas foticos en las que podeis ver el porque prefiero San Petersburgo a Moscú.
Al día siguiente dimos una vuelta por la ciudad y entramos en varias iglesias ortodoxas. Pasamos por los canales y cruzamos los numerosos puentes.
El Ermitage. Es quizás el museo más famoso de Rusia y uno de los más famosos del mundo por sus cuadros, esculturas, salas. Tienen de todo y también bastante bien cuidado. Así que si vais por esos mundos os aconsejo que os acerquéis con tiempo porque es bastante grande. Con esto he terminado y ahora no se si estoy viendo oro, blanco o negro.

1 comentario:
Que envidia me das! ya sabes que yo tambien quería ir....
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